Garcilaso.png

INCA GARCILASO DE LA VEGA

El Inca Garcilaso de la Vega nació Gómez Suárez de Figueroa en Cuzco, Gobernación de Nueva Castilla el 12 de abril de 1539 en lo que ahora es Perú y falleció en Córdoba, España el 23 de abril de 1616. Su padre fue el conquistador español capitán Sebastián Garcilaso de la Vega, de la nobleza extremeña, y su madre la ñusta Isabel Chimpu Ocllo, nieta del Inca Túpac Yupanqui y sobrina del Inca Huayna Cápac, emperador del reino de los cuatro suyos o Tahuantinsuyo.

 

Fue sobrino nieto, por parte de padre, del reconocido poeta renacentista castellano Garcilaso de la Vega.

 

Debido a la posición de su padre, quien era pizarrista, fue bautizado con los apellidos ilustres del mayor de sus tíos paternos y de otros antepasados que pertenecieron a la casa de Feria. En el Cuzco estudió sus primeras letras con Juan de Alcobaza, al lado de los hijos de Francisco y Gonzalo Pizarro, quienes eran mestizos e ilegítimos como él.

 

En edad temprana tuvo contacto cercano con su madre y con lo más selecto de la nobleza inca, como los hijos de Huayna Cápac: Paullu Inca y Tito Auqui. Fue educado por los amautas o sabios incas conocedores de su mitología y cultura.

 

Su padre abandonó a su madre por la presión de la corona española para que los nobles españoles casaran con damas nobles peninsulares y así contrajo matrimonio con doña Luisa Martel de los Ríos. Sin embargo, concedió antes a su madre Isabel una cuantiosa dote que le permitió casarse con Juan del Pedroche, un soldado peninsular, de quien el inca tendría dos medias hermanas: Ana Ruiz y Luisa de Herrera.

 

Hacia 1550, Garcilaso, muy pequeño, es enviado a Charcas para luego retornar al Cuzco, donde es testigo de la rebelión de Francisco Hernández de Girón. En dicha ocasión ayuda a su padre, a la sazón alcalde de la ciudad, a escapar por los tejados (1553).

 

Su adolescencia se enmarcó en las guerras civiles del Perú y él junto a su padre fueron perseguidos por los rebeldes Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal. Su padre se enroló forzadamente con Pizarro, según cuenta luego el Inca Garcilaso, pero retornó al bando real sumándose al ejército de Pedro de la Gasca para la batalla de Jaquijahuana, hecho por el cual se le conoce despectivamente como el “leal de tres horas”. Esto influiría de gran manera en la vida del Inca Garcilaso.

 

Su padre lo quería mucho, como demuestra el cariño recíproco que le demostró su hijo en sus escritos y el hecho que le legara en su testamento (1559) tierras en la región de Paucartambo y cuatro mil pesos de oro y plata "ensayados" para que el joven cursara estudios en España.

 

El 20 de enero de 1560, a los 20 años de edad y poco después del fallecimiento de su padre, Garcilaso sale del Cuzco con destino Lima, dispuesto a enrumbarse a España. Partió del Callao y estuvo a punto de naufragar en la isla de Gorgona, cruzó a lomo de bestia el istmo de Panamá y llegó a Cartagena de Indias para tomar la ruta de los galeones hasta La Habana y las Azores, para finalmente llegar a Lisboa.

 

Visita a unos familiares en Extremadura y se establece en la ciudad cordobesa de Montilla, donde vivía su tío Alonso de Vargas. En 1561 se traslada a Madrid y solicita mercedes que la Corona le debía a su padre por los servicios brindados en el Perú. Pero, la solicitud a la Corona es denegada pues su padre estaba acusado de favorecer al rebelde Gonzalo Pizarro. Frustrado opta por seguir la carrera militar, como su padre. Conoce al conquistador Gonzalo Silvestre, quien le provee de datos para su obra La Florida del Inca. Abandona el nombre Gómez de Figueroa y firma ya para siempre como Garcilaso de la Vega.

Como su padre, logra el grado de capitán y participa en la represión de la Rebelión de Alpujarras de los moros de Granada bajo el mando de don Juan de Austria (1569). En algún momento entre 1570 y 1571 se entera de la muerte de su madre Isabel Chimpu Ocllo y de su querido tío Alonso de Vargas quien le adjudicó bienes en su testamento, lo que permitió que en el futuro no tuviese preocupaciones por su sustento, disfrutando inclusive de cierta holgura. En 1586 falleció su tía doña Luisa Ponce, viuda de su tío Alonso y sus bienes también incrementaron su bienestar, posibilitando que se dedique al quehacer cultural. En 1590 dejó las armas y se dedicó a la religión.

 

Frecuentó los círculos humanísticos de Sevilla, Montilla y Córdoba y se dedicó a estudiar historia y a leer a los poetas clásicos y renacentistas.​ Es por ello que traduce del italiano los Diálogos de Amor del filósofo neoplatónico León Hebreo (1590) con el nombre de La Traducción del Indio de los Tres Diálogos de Amor de León Hebreo (el prólogo está fechado en Montilla en 1586). Fue su primer libro y la primera obra literaria de valor superlativo hecha por un americano en Europa. Por esa época tuvo una relación comercial con Luis de Góngora y en Montilla coincidió con Miguel de Cervantes, que recaudaba fondos para la corona. Parece que Cervantes conocía las obras de Garcilaso.

 

En 1591 Se trasladó a Córdoba y se vinculó con el jesuita Juan de Pineda quien le sugirió que haga un comentario piadoso de las Lamentaciones de Job. En esos tiempos ya venía recopilando material para sus proyectos personales sobre el incanato, así como la conquista del Perú y la Florida. Una de sus fuentes fue la crónica, hoy perdida, de Blas Valera.

 

En 1596 escribe la Genealogía o Relación de la descendencia del famoso Garci Pérez de Vargas, un célebre capitán antepasado suyo. Esta obra recién se publica en el siglo XX. Al mismo tiempo se relaciona con los soldados participantes de la conquista de La Florida, Alonso Carmona y Juan Coles, quienes le hacer reescribir lo que ya tenía acotado sobre la expedición de Hernando de Soto. En 1605 publica la obra en Lisboa con el título original de Historia de la Florida y jornada que a ella hizo el gobernador Hernando de Soto; título que quedó sintetizado en La Florida del Inca.

 

En 1609 se publica, también en Lisboa, la primera parte de su obra cumbre, los Comentarios Reales de los Incas, impreso magníficamente por Pedro Crasbeeck y dedicado a la princesa Catalina de Portugal, duquesa de Braganza. En 1612 finaliza la segunda parte, que se publica póstumamente en Córdoba, en 1617, con el título de Historia General del Perú, con dedicatoria a la Virgen María.

 

En 1612 Garcilaso compra la Capilla de Ánimas en la mezquita catedral de Córdoba, donde su hijo sería sacristán y donde quiso ser enterrado. Fallece cuatro años después, entre el 22 y el 24 de abril de 1616 como fechas probables.

 

Considerado el padre de las letras de América, Garcilaso, el Inca, un humanista, inició un ambicioso y original proyecto historiográfico centrado en el pasado americano, especialmente referido al virreinato del Perú. El título más célebre de Garcilaso fue los Comentarios Reales de los Incas. Escrito a partir de sus propios recuerdos de infancia y juventud, escuchado directamente de sus parientes, de contactos epistolares y visitas a personajes destacados del Virreinato del Perú, el relato constituye, pese a los problemas de sus fuentes orales y escritas y a las incongruencias de muchas fechas, uno de los intentos más logrados, tanto conceptual como estilísticamente, de salvaguardar la memoria de las tradiciones de la civilización andina. Es considerada como inicio de la literatura latinoamericana. ​

 

La segunda parte fue publicada en Córdoba, en 1617, con el título de Historia General del Perú, por imposición del editor. Esta obra, la más extensa que produjo, desarrolla con gran estilo y emoción la conquista del Perú, las gueras civiles entre los conquistadores y la instauración del Virreinato del Perú, así como la resistencia de los Incas de Vilcabamba, que culmina con la ejecución del último de ellos, Túpac Amaru I, en la plaza del Cuzco en 1572. Incluye en sus páginas una rehabilitación de su padre, el capitán Sebastián Garcilaso de la Vega, desprestigiado ante la Corona por haber militado temporalmente en el bando del rebelde Gonzalo Pizarro.

 

El Inca Garcilaso fue un escritor e historiador mestizo de ascendencia hispano-incaica. ​Hombre de gran personalidad y con un pensamiento universalista, es el primer mestizo cultural de renombre de América. Supo asumir y conciliar sus dos herencias culturales: la inca y la española, siendo intelectualmente muy reconocido. ​

 

Es conocido como el «príncipe de los escritores del Nuevo Mundo», pues su obra literaria, ubicada en el Renacimiento, destaca por el dominio y manejo del castellano, hecho reconocido por críticos como Raúl Porras Barrenechea, Menéndez y Pelayo, Ricardo Rojas y José de la Riva Agüero y Osma. 

 

Garcilaso hecho mano a todo pues escribió prosa de ficción, ensayos y demostró ser un gran cronista con amplio conocimiento histórico, siendo un gran narrador con una prosa de gran belleza y elegancia.

 

Su obra se desarrolló entre fines del siglo XVI y principios de XVII en época posterior al mandato del virrey Toledo, ejerciendo posteriormente gran influencia en los historiadores peruanos.

 

Su obra más importante son los Comentarios Reales de los Incas, publicada en Lisboa en 1609. En ella exponía las costumbres, la cultura y la historia de los Incas y otros pueblos del antiguo Perú. Por recordar el mundo incaico esta obra fue considerada peligrosa para los intereses de la corona española y, por lo tanto, fue censurada en todas sus “provincias de América”, luego de la revolución de Túpac Amaru II. Pero la obra se siguió imprimiendo en España y finalmente se levantó la prohibición en las Américas en 1781.

 

Garcilaso también escribió La Florida del Inca (Lisboa, 1605) así como la Historia General del Perú.

 

El 25 de noviembre de 1978 el rey Juan Carlos I de España hizo entrega de una arqueta que contenía una parte de sus cenizas, que reposan actualmente en la catedral del Cuzco.​

 

Sus obras reflejan una educación formal esmerada, tanto en su patria como en España, pues aparte de sus dos lenguas maternas (castellano y quechua) hablaba latín.